Eran cien ovejas, que había en el rebaño,Eran cien ovejas que amante cuido;Pero en una tarde al contarlas todas,Le faltaba una, le faltaba una y triste lloró.
Las noventa y nueve dejó en el aprisco,Y por las montañas a buscarla fue;La encontró gimiendo, temblando de frío,Ungió sus heridas, Ungió sus heridas, Y al redil volvió.
Esta misma historia, vuelve a repetirse,Todavía hay ovejas que errabundas van;Vagando en el mundo sin Dios, sin consuelo,Sin Dios, sin consuelo, Sin Dios, sin consuelo y sin su perdón.
Jesucristo espera a todos los hombres,Para que le acepten, como Salvador;Porque Él no quiere que nadie se pierda,Más que sean salvos, más que sean salvos, Por su gran amor
