A Dios obedecen el rayo y el viento,Lo anuncian los astros, proclámalo el mar,Con un leve soplo pudiera su alientoHacer de la tierra los ejes temblar.
¡Cuán torpe aquel pueblo que insano se atreveA alzarse enemigo del pueblo de Dios!Será como el tamo que el viento se lleve,Ni leve vestigio dejándole en pos.
Cuan grande, glorioso y feliz se presentaEl pueblo dichoso que a Cristo aceptóLo escuda la mano que al orbe sustenta,Y el ángel de muerte su espada quitó.
