Justa, explícita y sin veloEs la ley de mi Señor,Que a los tristes da consuelo,Y les libra del dolor.
Su palabra reveladaEs raudal de puro amor,Donde el alma atribuladaBeber puede a su sabor.
Mira pues, mortal, al cielo,Que allí esta tu Redentor;Para siempre cese el duelo,Paz te ofrece tu Señor.
Llama al Salvador, y el almaLe confía, oh pecador;El te volverá la calma,Dando fin a tu dolor.
