Oh Señor, a tus altaresAcudimos con fervor,A rogarte nos deparesLos tesoros de tu amor.
De tu Espíritu pedimosLa divina inspiración,Y en la senda que seguimos,Su gloriosa protección.
Imploramos su presenciaQue la fuerza nos dará,Pues su santa y noble influenciaDe caer nos librará.
Tú, de Cristo la promesa,Celestial Consolador,Ven, y cambia la tibiezaEn un fuego abrasador.
Débil es nuestra esperanza,Muy pequeña nuestra fe,Ven, infunde la confianza,Que a la vida gozo dé.
